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La cerámica artesanal es un arte que requiere paciencia, precisión y creatividad. Cada pieza comienza con la selección del barro, un material natural que define la textura y resistencia de la obra final. Antes de darle forma, la arcilla se amasa cuidadosamente para eliminar burbujas de aire que podrían causar grietas en la cocción.

El modelado es una de las fases más importantes. Dependiendo de la técnica utilizada, la pieza puede crearse a mano, con moldes o en un torno de alfarero. Aquí es donde el artesano imprime su estilo y destreza, dando forma a jarrones, platos, tazas o cualquier otro objeto.

Una vez modelada, la cerámica debe secarse al aire durante varios días. Este proceso es esencial para que la humedad se evapore de manera uniforme, evitando deformaciones cuando la pieza entre en el horno.

La primera cocción, conocida como bizcochado, se realiza a temperaturas entre 900 y 1000°C. En este punto, la arcilla se endurece, pero sigue siendo porosa, lo que permite la absorción de esmaltes y pigmentos.

El esmaltado es el siguiente paso y puede aplicarse de distintas maneras: por inmersión, a pincel o con aerógrafo. En la cerámica valenciana, los colores tradicionales como el azul, amarillo y verde destacan por su intensidad y brillo.

Finalmente, la pieza pasa por una segunda cocción a temperaturas más altas, sellando los esmaltes y otorgándole su acabado final. El resultado es una creación única, con la esencia y el carácter de la tradición cerámica valenciana.

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